Comentarios sobre la Resolución 605/08

Ciudad de Buenos Aires, 18 de junio de 2008

 

De mi consideración:

 

Con respecto al tema planteado, considero que hay que contemplar cada caso en particular, dada la atipicidad del discapacitado auditivo, y que por ello resulta improcedente y arriesgado instalar como norma la aceptación de rendir examen en lenguaje de señas, en la universidad pública tal como está planteada en la actualidad y para todas las materias y carreras, porque dudo de que permita determinar en todos los casos si el estudiante cumple con los requisitos académicos mínimos exigibles en la universidad pública: saber pensar, leer y escribir en castellano, para construir conocimiento autónomo y significativo.

 

Se supone que la persona con discapacidad auditiva total o parcial que llega a la Universidad ya conoce los requisitos y además, ya pasó por diferentes instancias evaluativas al momento de ingresar. No es lo mismo demostrar competencia lingüística que competencia comunicativa. No es lo mismo procesar la información que comunicarla. Eso deben considerarlo los evaluadores en todas las etapas de la educación institucional para contribuir a que el sordo acceda a la Universidad, permanezca y se gradúe..

 

Lo que el sordo no ve o no le muestran o no le avisan, no lo sabe, y entonces, se encuentra en situaciones problemáticas que es incapaz de resolver por su cuenta. Y sí, necesita ayuda. ¿Pero de qué índole? Depende del caso.

 

En la actualidad se dispone de múltiples recursos, incluidos la lengua de señas y lectura labial, informáticos y otros espontáneos para comunicarle al alumno qué se espera de él. Esto es obligatorio y hay que darle el tiempo que necesite para cumplir con la prueba. Pero no que dé el examen con lengua de señas, para que todos puedan evaluar la calidad de su aprendizaje académico y este quede registrado.

 

Otra cosa puede dar lugar a juicios (¿si él sí, porqué yo no?), a abuso, a favoritismos, a inequidades, a confusión porque, sin el menor sentido peyorativo, la de señas no es una lengua incorporada al currículo ni accesible a todos, no siempre alcanza para explicar los contenidos, y porque una regulación sin el suficiente estudio previo puede significar una vuelta al asistencialismo y al proteccionismo, que en última instancia, contribuyen a aislar al sordo, no a integrarlo.¿De qué le sirve que apruebe la materia si no la entendió? Eso es lo que hay que averiguar al evaluarlo para conservar y elevar la calidad de los servicios educativos..

 

Me queda la duda de que, por otro lado, se estaría mediatizando aún más el conocimiento y el proceso al evaluar a un equipo: intérprete y alumno. ¿Quién asigna el intérprete?, ¿todos los profesores de la mesa examinadora conocen la LSA? ¿Quién ordena sintáctica y semánticamente las frases, el alumno o el intérprete?

 

Considero, entonces, que es preciso estudiar a fondo cada caso, de manera de terminar de una vez con la invisibilidad del sordo para ayudarlo como corresponde.

 

Cordiales saludos.

 

LÍA BEATRIZ REZNIK

liareznik@ciudad.com.ar

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s